Y entró en el coche igual que en mi vida una noche de Noviembre. Se sentó a mi lado y con dos besos y un par de palabras ya supo que podría estar hablando durante horas conmigo.
Compartimos, entre otras muchas, su pasión por la fotografía, su pasión por Londres y su pasión por los inviernos que huelen a leña quemada. Lo intenta con su pasión por los coches. Y con su TT ha funcionado. Yo lo intento con la mía por Pereza. Y lo he conseguido con Amelie. De momento.
Hay calles de Madrid que tienen su trípode y la suela de mis botas grabados en el suelo. Firmadas con nuestras sonrisas. Y cafés de Madrid donde podríamos vivir. A base de té y fresas con chocolate.
Hemos odiado Transformers juntos y hemos compartido palomitas en el cine de Guille. Hemos entrado en el 2012 en taxi y hemos contemplado la puerta de Kapi desde fuera.
Me ha invitado a copas que ya estaban pagadas y tiene un perrito que es de lo más adorable.
Quiero que todos sepáis que los mapaches duermen que es un amor, más que un demonio, diría yo. Pero cuan primor.
El caso es que me gusta sentirme “la rara” con él. Porque él es igual de “raro” que yo.

2 comentarios:
bOnita entrada!
Muchas gracias!
Publicar un comentario