Que igual la soledad es solo un estado mental. Una visión. Una mentira. Una manera de ver la vida negativamente. Hasta que te das cuenta de ellas, de él, de tu hermano adoptado. Y de que en realidad si miras a tu alrededor ves que no te falta nada, que tienes ese trocito de locura con ellas, que él sería capaz de compartir hasta el miocardio contigo, y que ese “bro” te va a preguntar cada día “¿qué tal te ha ido la mañana?”. Que dan igual todas las mentiras del mundo cuando te das cuenta de que esas tres verdades son aún más grandes que toda esa mierda.

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